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Atención, educación y miedo

atención, educación y miedo

El pensamiento científico, como el crítico, a diferencia de otras formas de plantear el procedimiento de generar conocimiento, tiene la necesidad permanente de confirmación. Reproducibilidad y falsabilidad son preceptos fundamentales en el terreno abordado por esta manera de acercarnos a lo que nos rodea, y a lo que rodeamos nosotros, que es igual o más en importancia.

¿Cómo conocemos y aprendemos?

Bueno, desde los primeros pensadores de la antigüedad hasta nuestros días, y los que quedan, ha sido centro de debate y reflexión y existen posturas, paradigmas, teorías y lo que quieran en varios sentidos. Al final, como dice Julian Barnes en su novela «Nada que temer«, somos cerebros estudiando cerebros. Y hay dualismos: nosotros y el resto, monismos: todo yo, conmigo o desde mi, sentidos y racionalidades, fundamentaciones rigurosas, modas, opiniones y pamplinas en cualquier época y lugar.

Desde Pavlov con su famosísima aportación, J.B. Skinner y el reforzamiento, el canadiense con ascendencia ucraniana Bandura en Stanford y el aprendizaje social, Jerome Bruner desde Harvard con sus aportaciones o el famoso psiquiatra Ausubel con Novak y sus mapas y el aprendizaje significativo, Gagné, Piaget, Vygotsky, Merrill, Ebbinghauss, Herbart, Freinet, Dewey, Thorndike, la lista siempre será injusta, corta e interminable por sus ramificaciones. Más recientemente cientos de artículos y aportaciones desde la neurociencia cognitiva: la plasticidad cerebral y conexiones neuronales, de los que en su inmensa mayoría no se percibe superación a las grandes aportaciones de la pedagogía hasta ahora en su aplicación didáctica, pero que son, o van a ser un camino muy interesante y relevante.

Da la sensación de que algo aprendemos pensando sobre nuestra conducta, en sentido amplio, y que al hacerlo la modificamos, o podemos modificarla, si es nuestra intención y estamos motivados. Y parece que la atención es una clave muy importante en el proceso. ¿Será nuestra capacidad de atención y la habilidad para controlar los estímulos que pueden distraerla de una tarea dada un importante capital personal de cara al futuro? ¿Una estimación de la inteligencia significativa y diferencial?

Parece que los recuerdos no son fotografías. Ni nuestro cerebro una grabadora. Nuestro pensamiento combina el interés biológico que ponemos, queriendo o no, en el funcionamiento de nuestros órganos, con los datos que creamos en nuestra relación con el entorno, a través de nuestra percepción e interpretados y construidos en nuestras cabezas. Atendemos a un código dado que no podemos obviar para importar datos de relación.

En nuestras percepciones influyen factores internos como la predisposición, el aprendizaje y las experiencias, los valores o la capacidad intelectual de cada uno, y factores situacionales como el emplazamiento, la repetición o el movimiento. También factores de estructura de los estímulos obviamente: como su tamaño, forma o como estén iluminados. La atención, nuestra capacidad de atender, es uno de esos factores internos.

Entrenar nuestras funciones ejecutivas

Son las habilidades necesarias para poder realizar una tarea dirigida a alcanzar una meta concreta, pasa por referenciar los procesos cognitivos implicados en la planificación de la tarea, el mantenimiento de la meta, control de impulsos, la memoria de trabajo y el control de la atención según un buen número de investigaciones en educación que por la naturaleza de este texto no traemos ahora a colación. Atención selectiva o focalizada, dividida y sostenida (García, Roselló, Kirby y Grimley, Parasuraman y otros). Parece que el autocontrol es muy entrenable y muy importante con relación al rendimiento escolar, y seguramente que también en muchos otros aspectos de la vida.

Ahora en éste terrible periodo de confinamiento, aunque no exclusivamente, todos somos capaces de albergar contradicciones enormes en nuestra cabeza.

En un periodo en el que la información, su cantidad y nuestra disposición a percibirla, han aumentado exponencialmente con respecto a otros tiempos de menos incertidumbre y temor, las actitudes se polarizan por desconfianza. Estamos motivados para sentir que tenemos el control de nuestra vida y hacemos mucho para conseguirlo. En ese mucho caben teorías que potencian e incrementan la ilusión de control, un mecanismo compensatorio, y que no siempre relaciona en positivo y directamente con niveles aceptables de rendimiento intelectual en áreas específicas.

Algunas voces de nuestro tiempo nos dicen que los niveles de violencia son los menores de la historia, a pesar del terrorismo, o que la corrupción está posiblemente más controlada que nunca, otros muchos divergen de esta visión de progreso. Algunos, ahora más resguardados, nos anuncian el final de la muerte, la inutilidad de las vacunas o sienten conspiraciones ante algo como la geometría de nuestro planeta.

Tendemos a fijarnos en aquello que confirma nuestra idea previa: es sesgo de confirmación aderezado con una dosis importante de ilusión de control, base muchos mitos y supersticiones. Y en tiempos de dudas, desinformaciones o de aumento de canales de comunicación que mudan el foco de contraste más entrenado, parece que se refuerza la tendencia.

Estas actitudes vienen a cubrir más necesidades de aprobación individuales o grupales que cuestiones informativas. Tienen mucha base fea, narcisista y egocéntrica que esconde algunos rasgos trabajables de aquellos que más se quejan, que más gritan, que mas insultan y que peores modos demuestran. El miedo tiene su papel social. Y si la realidad puede ser una especie de alucinación controlada a nivel individual, un control que hacemos con la cultura, un control a nuestra biología propia, el miedo es un factor desencadenante de las peores soluciones de grupo: gritar a un niño autista desde el balcón de la nueva gestapo y actitudes similares que hacen del uso del miedo como control requerido por las medidas gubernamentales un peligroso detonante de barbarie. Tenemos que esforzarnos en controlar nuestra atención y nuestros miedos. En cualquier situación.

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